Tal vez ese encuentro donde
nos despojamos de las prendas de vestir, fue mucho más que un asunto carnal de
poseer su cuerpo, o de que ella gozara de mi cuerpo…Fue un asunto de
desnudarnos completo: primero porque desde que nos vimos para ir al sitio
pactado, ya estábamos comenzado a desnudarnos. El saludo, el abrazo, tomarnos de las manos, sus ojos, todo eso hacia parte de desnudarnos, y no hablo de quitarnos
la ropa, hablo de despojarnos del orgullo, del dolor, de las tensiones, de un
mar de sufrimiento que se ha causado. Segundo: el platicar acerca de lo que se suponía
íbamos hacer, era entrar en un mantra versado de confianzas, de hilos de plata
que se fueron tejiendo con sigilo durante el tiempo de la relación.
Y es esa parte a la que
deseo dedicarle fina atención : tejer lazos de confianza, de encuentro, de
armonizar sus demonios y los míos, de conjugar pasiones y sueños, temores y
miedos, hacer que de dos cuerpo se fusione la intención de crear un solo cuerpo
latente, con un corazón, que siente al ritmo de dos sujetos, que enferma, ama,
se alimenta y sueña como si fuese de carne y hueso; crear ese cuerpo seguirá siendo
una de las cosas más difíciles, y complejas en el encuentro con el otro.
Mantenerlo vivo: y la tarea
no es fácil, las cargas subjetivas de cómo cada uno lee el mundo, de cuál es su
método para enfrentar las cosas, de cuál es su simpatía o no con ciertas cosas,
y de los agentes externos – esos que nunca faltan, y desean acabar con ese
cuerpo construido – en este entran, los otros: esos otros que uno no quiere que
aparezcan pero llegan y demuestran que el mundo es un lugar de lobos. Alimentarlo
a diario con pasión, con frenesí , con deseo del uno por el otro, por
recuperarlo de la enfermedad, sí, de esa patología que sufre cuando los ánimos
de uno de los dos no es el mejor y logra enfermar ese cuerpo que se ha
construido, pero que a la final se recupera.
No dejarlo morir por más que
se hiera: y es la parte en la que todos llegan, muchos asisten al réquiem, y
pocos logran sobrevivir. El dolor es de humanos, y causar dolor también lo es; máxime
cuando se tiene el orgullo como caballito de batalla, cuando se saca a flote el
daño causado como espada, y las excusas como escudo…
Volviendo a las primeras líneas
sobre la desnudez, uno solo se desnuda en la medida que conoce, la piel sigue
siendo una vestimenta, algo que recubre la bóveda del silencio que solo pocos
logran ostentar, que pocos pueden acceder en toda la vida de un sujeto.
Desnudarnos siempre fue un acto de despojarnos de lo que el resto de personas
conocen de nosotros, siempre fue el momento de encuentro de lo que en realidad
somos, más allá de lo que nos vemos o creen de nosotros.
Desnudarnos, es encontrarnos…
No hay comentarios:
Publicar un comentario