lunes, 5 de mayo de 2014

Desnudarnos, es encontrarnos…

Tal vez ese encuentro donde nos despojamos de las prendas de vestir, fue mucho más que un asunto carnal de poseer su cuerpo, o de que ella gozara de mi cuerpo…Fue un asunto de desnudarnos completo: primero porque desde que nos vimos para ir al sitio pactado, ya estábamos comenzado a desnudarnos. El saludo, el abrazo, tomarnos de las manos, sus ojos, todo eso hacia parte de desnudarnos, y no hablo de quitarnos la ropa, hablo de despojarnos del orgullo, del dolor, de las tensiones, de un mar de sufrimiento que se ha causado. Segundo: el platicar acerca de lo que se suponía íbamos hacer, era entrar en un mantra versado de confianzas, de hilos de plata que se fueron tejiendo con sigilo durante el tiempo de la relación.

Y es esa parte a la que deseo dedicarle fina atención : tejer lazos de confianza, de encuentro, de armonizar sus demonios y los míos, de conjugar pasiones y sueños, temores y miedos, hacer que de dos cuerpo se fusione la intención de crear un solo cuerpo latente, con un corazón, que siente al ritmo de dos sujetos, que enferma, ama, se alimenta y sueña como si fuese de carne y hueso; crear ese cuerpo seguirá siendo una de las cosas más difíciles, y complejas en el encuentro con el otro.

Mantenerlo vivo: y la tarea no es fácil, las cargas subjetivas de cómo cada uno lee el mundo, de cuál es su método para enfrentar las cosas, de cuál es su simpatía o no con ciertas cosas, y de los agentes externos – esos que nunca faltan, y desean acabar con ese cuerpo construido – en este entran, los otros: esos otros que uno no quiere que aparezcan pero llegan y demuestran que el mundo es un lugar de lobos. Alimentarlo a diario con pasión, con frenesí , con deseo del uno por el otro, por recuperarlo de la enfermedad, sí, de esa patología que sufre cuando los ánimos de uno de los dos no es el mejor y logra enfermar ese cuerpo que se ha construido, pero que a la final se recupera.

No dejarlo morir por más que se hiera: y es la parte en la que todos llegan, muchos asisten al réquiem, y pocos logran sobrevivir. El dolor es de humanos, y causar dolor también lo es; máxime cuando se tiene el orgullo como caballito de batalla, cuando se saca a flote el daño causado como espada, y las excusas como escudo…

Volviendo a las primeras líneas sobre la desnudez, uno solo se desnuda en la medida que conoce, la piel sigue siendo una vestimenta, algo que recubre la bóveda del silencio que solo pocos logran ostentar, que pocos pueden acceder en toda la vida de un sujeto. Desnudarnos siempre fue un acto de despojarnos de lo que el resto de personas conocen de nosotros, siempre fue el momento de encuentro de lo que en realidad somos, más allá de lo que nos vemos o creen de nosotros.

Desnudarnos, es encontrarnos…


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